Álvaro Uribe es la persona que más ha manejado el poder en las últimas décadas de Colombia. Fueron 20 años de presidir, en las últimas elecciones, en las que la izquierda llegó al poder por primera vez en la historia moderna del país, Uribe desapareció. Su partido ni siquiera tuvo candidato. Parecía el final de un político indefinible. Uno de sus mayores enemigos, Gustavo Petro, gobierna ahora el país. Y es ahí donde el expresidente ha encontrado un asidero para volver a tomar aire. Con una oposición fragmentada y sin cabeza clara, Uribe se postuló este martes como la “oposición constructiva” al Gobierno de turno.
Petro no había abierto las puertas de la Casa de Nariño a ningún político hasta hoy. Que Uribe sea el primero responde a varias razones. La primera es que el poder de Uribe en horas bajas es aún mayor en ciertos sectores que el poder que no han logrado aglutinar los nuevos nombres que protagonizaron la pasada campaña electoral. Ni Rodolfo Hernández, que estuvo a punto de ganarle la presidencia y que la semana pasada ya anunció que dejaba el Senado para probar suerte en la política regional. Ni Fico Gutiérrez, el candidato de la derecha que ni siquiera logró el pase a la segunda vuelta. A Petro le interesa apretar la mano de Uribe para templar los ánimos en varios frentes, alterados por la cantidad de reformas que el presidente quiere poner en marcha. La reunión se produjo el día después de las primeras marchas sociales de la era Petro, lo que tampoco fue una casualidad.
En toda su intervención, el expresidente usó un papel como de mensajero: “A mí me llaman o me escriben y me dicen: por favor, dígale al presidente Petro que la fuerza pública nos proteja frente a las invasiones”. El Gobierno amagó hace unas semanas con dar un ultimátum a los ocupadores de 48 horas, pero venció el plazo y no pasó nada. Desde el Ejecutivo sostienen que se están llevando a cabo diálogos para desatascar la situación. Uribe añadió que acompaña al Gobierno en la decisión de comprar tierras que no estén produciendo nada para entregar a los campesinos que las trabajen.
En la reunión también se habló de la tributaria, la primera gran reforma que Petro quiere sacar adelante para aumentar los ingresos que destinar a otras partidas. Ahí Uribe dejó clara su visión. “Dejando crecer la economía y con control de la evasión, el presidente Petro podría cumplir sin reforma tributaria. Pero hay una decisión política que respetamos, por eso sugerimos modificaciones”. Y otra: “Nosotros preferimos un peso de más en el bolsillo del trabajador que pagado en impuestos al Estado. Son escogencias y nosotros somos muy claros”. Este es el segundo encuentro entre los dos políticos. El primero, por sorpresa, se produjo el pasado 1 de julio, 12 días después de las elecciones. Fue la manera del líder de la izquierda de decir que iba a gobernar para todos. Si Uribe se sentaba con él, ¿Quién no lo haría? Aquel día, el expresidente habló de una “oposición razonable”. Este martes, dos meses y medio después, se refirió a una “oposición constructiva”. El hombre que ya no gana elecciones en Colombia se está ganando ahora el peso de contrapoder del Gobierno.