Cómo caen los populistas fue el título del ensayo de Jan-Werner Müller donde examina el amplio impacto de tales eventos políticos de manera similar, el periodista Andrew Marr se refirió a lo sucedido en Gran Bretaña como la humillación de los populistas, mientras sugería que estos desarrollos mostraban cómo la democracia estaba funcionando, una oportunidad de reivindicar un sistema de gobierno en aparente crisis global y arrinconada por resurgimientos autoritarios en tantos lugares del mundo.
Hay pocas dudas sobre la premisa de la limitación del poder en la teoría democrática. Tal limitación reposa en las divisiones del poder; más aún en el Estado de derecho, o en el imperio de la ley. Construir tales instituciones toma tiempo. No solo la democracia, sino la misma civilización depende de que aceptemos el imperio de la ley... la alternativa es la violencia brutal... la ley de la selva. Es dudable, sin embargo, que los eventos de las semanas pasadas estén señalando el fin del populismo. Müller, quien ha escrito un libro bastante esclarecedor sobre ese concepto tan complejo que ocupa a diario los titulares de prensa, ¿Qué es el populismo?, advierte sobre la necesidad de no hacerse ilusiones sobre el desafío enorme que el populismo sigue representando para las democracias en nuestros tiempos.
Si algo muestra la historia reciente es que los populistas saben mantenerse en el poder. Müller señala cómo su estrategia es capturar al Estado en nombre del pueblo. Es una estrategia que sigue cierta secuencia el arte del gobierno populista, le llama, que consiste en ir apoderándose del sector judicial, de la prensa y del sistema electoral. Una estrategia que puede ser copiada a través de las fronteras que también incluye evitar identificaciones fáciles con las dictaduras.
Las advertencias de Müller deben tenerse en cuenta, no obstante, lo sucedido en Gran Bretaña es de gran significado. Por lo menos, sirve para animar el espíritu de una opinión pública dominada por una atmósfera de crisis democrática sin salida, casi apocalíptica, en un país paradigmático de la democracia moderna. Müller cierra su ensayo con una reflexión que debería elaborarse de forma más sistemática. En los últimos años, los analistas en libros, ensayos y columnas de prensa se han ocupado hasta la saciedad de examinar cómo mueren las democracias, anuncio repetido aún frente al porvenir de Estados Unidos. Tal vez sea la hora de “prestar más atención”, al estudio de cómo terminan los populismos un ejercicio para refrescar el optimismo.