En el lenguaje popular podemos decir que un sepulcro blanqueado es todo aquel cristiano que tiene apariencia externa de devoción y santidad, pero interiormente no experimenta una verdadera comunión con Dios, es el perfecto hipócrita cristiano. Antiguamente, en el teatro griego, la palabra hipócrita designaba al actor que utilizaba máscara y disfraz para representar una personalidad ajena a la suya, y su objetivo era el de deleitar al público. En definitiva, ese tipo de actor estaba fingiendo cualidades y sentimientos que él mismo no poseía ni experimentaba, con lo cual estaba fingiendo. O lo que es lo mismo, estaba mintiendo.
¿Y cuántas personas, aparentemente buenos cristianos, tienen su corazón lleno de amargura, odio, mentira, resentimiento, etc. y al mismo tiempo pretenden demostrar una vida cristiana llena de valores positivos, que ni tienen ni sienten? Con ello lo único que consiguen es destruir la credibilidad del Evangelio en otras personas. La religión de los fariseos era hipocresía de la más grave, ya que utilizaban la relación con Dios como objeto de vanagloria personal. Esto desgraciadamente aún persiste en nuestros días, lo cual causa escándalo cuando se descubre e incita a otras personas a que incluso rechacen la religión al ver el comportamiento hipócrita de quien habla de Dios sin seguirle.
Hoy en día muchos no quieren acercarse a los caminos del Señor ya que por el pésimo testimonio de algunos ‘cristianos’, la gente resta credibilidad al Evangelio. Es triste ver en nuestras iglesias a tanta gente que dentro de ella aparenta santidad y una buena relación con Dios, pero que en la privacidad de su vida deja mucho que desear. Como dijo Jesús, sus labios predican lo que no siente su corazón. Si alguien que se denomine cristiano sólo aparenta tener fe sin acompañarla de obras, se asemeja a la higuera que se secó y murió por no dar frutos. Cuando la persona aparenta lo que no es, se ha engañado a sí misma y le ha mentido a los demás. Se cree merecedor de la gloria celeste, pero no piensa que en el cielo jamás entrarán los hipócritas.
"Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano”