septiembre 16, 2021

Migración

Desde los tiempos de la revolución cubana, hemos sido testigos del efecto, específicamente, demográfico, que genera dicho "fenómeno" comunista en la región, un movimiento migratorio equiparable al de las golondrinas, los cubanos que no aprueban dicho modo de vida forzados a irse de su país de origen, tomando como principal objetivo Estados Unidos. El artículo no se enfoca en ver pro y contras sobre la migración, más bien rectificar los efectos que a largo plazo generan en la sociedad donde se establecen, el caso de la migración venezolana, específicamente en Colombia, principal país receptor de dichos ciudadanos, a sido tal el volumen, que a generado estragos de toda índole en la nación, desde aumentos en los índices de contrabando, inseguridad y prostitución, este último ha tenido un "boom" al punto de crear una sobreoferta, en ciudades como Bogotá, Cartagena, Cúcuta y Medellín.

No hay que estigmatizar ni generalizar, pero cuando hablamos de problemas sociales en Colombia, que son casi parte de la cultura, sumarle este nuevo éxodo migratorio que ha generado un sinfín de problemas en el país. En Medellín, su principal barrio turístico, El Poblado, actualmente pasa por una transición donde no solo los índices de inseguridad han marcado niveles récord desde el 2016 hasta el presente año, sino una mudanza de su zona de tolerancia que comúnmente ha sido el centro, a irse hasta la zona rosa de la ciudad, quizás la principal causa es el exceso de tolerancia y permisibilidad por parte de las autoridades y la falta de estrategias hacia los extranjeros y personas del LGBT, hizo que una zona conocida por su catálogo de bares, restaurantes y hoteles de alta clase, hoy vive una época negra azotada por la delincuencia, y prostitución, donde se ve afectada no solo los habitantes de la zona, sino la imagen de una ciudad.