septiembre 15, 2023

Los intocables

Es un hecho cierto que la política actual no es la misma que la de antes, la hipercomunicación de la sociedad, y en particular de la juventud, ha conllevado a que las ideas actúen con tendencias y que la opinión va al ritmo del oleaje, lo que implica que con dificultad algún sector político puede abanderarse o embolsillarse como cheque en blanco a la población o la juventud, ya que estos son susceptible a las redes sociales y la “opinión pública”. Máxime en tiempos de posverdad y en que lo verídico no pasa por el criterio de lo objetivo, sino por lo que se vende mejor y se viraliza más rápido (lo que no es mejor ni peor, simplemente diferente).

Ciertamente, nuestros tiempos nos invitan a quitar algunas barreras “intocables” en la teoría y administración pública. Se puede ser de “derecha” y plantearse debates sobre el modelo económico y las nefastas concentraciones de riqueza o de tierras que el sistema facilita y no por eso hay traición. Se puede ser de “izquierda” y reconocer que las insurrecciones armadas en el siglo XXI no tienen ningún efecto positivo y que su legado ha sido de muerte destrucción y desplazamiento y que no vale la pena seguir legitimando las armas como un medio de transformación social, y no se está traicionando a nadie. ¿Acaso la condicionante moral impide que por ser de “izquierda” o “derecha” no se puede denunciar los crímenes del copartidario o se debe esconder, relativizar o suavizar sus responsabilidades? De manera que la política no es religión y sus ideas no son perennes, sino que pueden ser repensadas y moldeadas según el contexto histórico, social y político de cada época.

Entre tanta polarización se ha olvidado que el rol del elector no es el de defender a ultranza a un líder o un grupo de líderes políticos, ya que son humanos y por definición son imperfectos. Lo que requiere que la persona más crítica deba ser quien votó y eligió a su gobernante, ya que este está en deuda y comprometido con una visión social y unas medidas administrativas concretas. El rol del elector no es actuar como una “barra brava” o un cheque en blanco que debe defender a su mecías; por el contrario, es su mayor crítico y veedor. Menos mesianismos y caudillismos y más rendición de cuentas. “Por sus hechos los conoceréis”.

Hoy parece irracional lo que antes era norma, hay que rescatar valores elementales como el escuchar, el consensuar, respetar, no estigmatizar, evitar la violencia física y verbal, y en general actuar con sentido humanístico y social… Al final los gobiernos están hechos para gobernar con atisbo y en procura del bien común, no para pontificar o imponer agendas político/ideológicas.

Así pues, hay un llamado a los líderes políticos que están enjaulados en una serie de compromisos y ataduras político/ideológicas que no los deja pensar con libertad; si bien los partidos, las ideas y las colectividades son necesarias, no son camisas de fuerza, al final la administración del Estado procura el beneficio común y no el seguimiento de manuales o libretos.

¿está el sujeto condicionado a sus ideas, o las ideas al sujeto?, ¿estamos ante una guerra cultural?, ¿soft power o movimientos de masas?, ¿es la educación un antídoto contra el caudillismo?