Asombró a los politólogos el gran avance del uribismo ganando Antioquia, Medellín y Cali y eligiendo siete concejales en Bogotá, donde los extraviados de la belicosa primera línea les rasgaban las vallas y propaganda. Gran antipatía creó la vicepresidenta Francia Márquez con sus viajes en el helicóptero y que paseara por el planeta. Y lo peor: que a los críticos de su despilfarro les respondía burlonamente: “Si no les gusta que yo use helicóptero, de malas”, y les encimaba una irónica ñapa: “si le molesta que yo viaje a París, Londres y al África, de malas”.
Que el presidente Petro y su hijo amado, el petrismo, pierda dos millones de votos en Bogotá fue alta sorpresa, no calculaban tamaño desastre con 515 días gobernando. Me dice Martín Muñoz desde Cali que el triunfo de Alejandro Eder fue por capaz, por su vida limpia, por serio opinando, por el desprecio de los caleños al matonismo incendiario de la primera línea, allí tan protegida por el alcalde Ospina.
Jugó en contra del petrismo la antipatía que creó la renunciada ministra de petróleos, doña Irene, con sus odiosas frases sobre los expertos petroleros. Otra personalidad que aportó antipatías fue la doctora Corcho ninguneando a las EPS, y ni hablar de la parlamentaria María José Pizarro, que repitió desafiante 187 frases despectivas hacia el anti-petrismo. Lo dijo el sabio Woody Allen: “Quien crea antipatías recibe voto castigo”.
A los derrotados les recuerdo que Salvador Allende, Belisario Betancur y Mitterrand llegaron a la presidencia después de tres derrotas. Perdedor el domingo, el trío compuesto por Armando Benedetti, el embajador Roy y el candidato Bolívar, que por TV admitió: “Soy el candidato del Gobierno”. Y Galán le sacó 700.000 votos. Y para el cívico Salvo Basile, un abrazo cariñoso.
“Estoy muy viejo para llorar y me duele mucho para reír”
Adele Stevenson