He presenciado intervenciones presidenciales, ministeriales y de altos funcionarios del gobierno, que me dejaron –que me dejan– atónito, desilusionado y con muchos interrogantes sobre el pensamiento y la verdadera intención de quienes hoy están en el poder.
Han llegado al gobierno invocando las circunstancias descritas al inicio de este artículo, y nos prometieron cerrar, verdaderamente, la brecha social; nos prometieron ¡vivir sabroso! La esperanza de que la masa de la población colombiana, denominada por la vicepresidenta Francia Márquez, como “los nadies y las nadias”, y toda la población colombiana viviéramos sabroso, era una tremenda responsabilidad social, que el gobierno Petro no podía eludir o equivocar.
Hoy, la cruda realidad nos está diciendo que ¡no estamos viviendo sabroso! Ni los del norte, ni los del sur, ni los de Antioquia, ni los de putumayo, ni los del Valle. El dedo en la llaga lo puso el senador David Luna, en su discurso del 20 de julio, cuando el Presidente instaló el Congreso de la República: “¿Cuál es la verdadera independencia? Independencia es la libertad de elegir, la libertad de sentirnos seguros, la libertad de prensa. Invitamos al Presidente a pasar del discurso a la acción”. Con una seguidilla de interrogantes se remató el tremendo y desapasionado discurso del parlamentario colombiano, dicho con juicio y mucho de patriotismo.
A poco de cumplir un año de gobierno (de desgobierno, dicen algunos), y cuando ya el presidente Petro le puso fin a su inesperada aura amorosa de principio de mandato, extendida a sus peores contradictores políticos, encabezados por los Roy Barrera, los Benedetti, los Gaviria, los Uribe, los Trujillo, y muchos de la vieja dirigencia colombiana, que para él y su militancia, hace escasos meses representaban lo más corrupto y atrasado de la vida política colombiana, parece decirnos que, definitivamente, no estamos viviendo sabroso, y menos, que ¡vamos a vivir sabroso!