El país está harto con el cuento del presidente, que se le ha vuelto una obsesión, de que lo van a tumbar o a matar. Atacado, ¿acaso por delirio de persecución?, acusa como autores a los de un “cartel de las corbatas”. Lo repite y repite hasta el cansancio. Ojalá que no suceda lo ocurrido al pastorcito mentiroso...Mientras tanto, como para confundir más a la opinión pública, habla de ilusorias conquistas económicas de su gobierno, queriendo hacer creer que estamos como Alicia en el país de las maravillas.
Pero la cosa es bien distinta. Colombia, según el mismo gobierno, corre el riesgo de entrar en cesación de pagos de sus obligaciones financieras internacionales. Y el déficit fiscal hasta junio constituye el mayor en los últimos 20 años. Además, el país acaba de ser excomulgado internacionalmente por violar la reserva de un documento confidencial de Egmont, organización que reúne agencias de inteligencia de más de 170 gobiernos que cruzan información para perseguir el lavado de activos, el terrorismo y el narcotráfico. De allí sacaron a empellones a Colombia, lo que hará que se pueda convertir en país paria, centro mundial de la impunidad en la comisión de aquellos delitos.
En Armenia, en reunión con los medios alternativos de opinión, Petro pronunció uno de los discursos más agresivos en lo que lleva de gobierno. Trató a los periodistas que laboran en los grandes medios nacionales y regionales como simples voceros de los patrones/dueños del gran capital. Es decir, los comparó con títeres manejados por los hilos del poder económico. Violó, una vez más, compromisos como el que horas antes había convenido con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para respetar la libertad de prensa. En San José del Guaviare subió el tono de su iracundia al acusar a los ricos de no querer pagar impuestos. Los sindicó de ser proclives a la codicia humana, argumentando que estos prefieren que los tributos se los pongan a los pobres “en cada plato de sopa que se coman”. Día a día, sitio que visita, auditorio que lo aguanta, en su delirio irrefrenable, va empujando la democracia hacia el abismo.
La emprendió contra Hidroituango, una de las obras más importantes que será en poco tiempo la mayor generadora de energía nacional. Se adivina en el ataque, no solo desconocimiento técnico y beneficios económicos, sino animadversión enfermiza de todo lo que se produzca desde Antioquia para bien del país. Es la confirmación de su doctorado en negros presagios, de sus visiones alucinantes, mezcladas con el lenguaje del populismo irresponsable, de quien solo habla para los suyos, y no para la Nación entera como es su deber moral y constitucional. Sigue ignorando, deliberadamente, que un jefe de Estado y Jefe de Gobierno recibe el mandato popular para convocar a la unidad nacional y no para desintegrar ni anarquizar el país. Encuentra el fuego de su metralla verbal en el Twitter y en la plaza pública.